Zen y la vida cotidiana   (parte I)

Parte de una entrevista al sacerdote budista
Eugenio Seizan Fejioorealizada por Mantra FM.


Mantra FM: Usted es monje del budismo zen. Entre tantas corrientes, muchas veces la gente se siente confundida acerca de cuál seguir. Se habla del budismo zen, a veces, como el budismo más estricto. Quisieramos hablar con Ud. sobre el budismo zen.

Maestro Eugenio Seizan Feijoo: Primero debemos aclarar que si vamos a hablar de zen, no es de zen que vamos a hablar, dado que las palabras no son la realidad, y todo lo que hacemos nosotros se basa simplemente en la actividad. Además, desde el siglo V, se sabe en China que zen no es una transmisión que depende de la escritura o de la enseñanza. Es algo estrictamente personal. Es como dar vuelta el espejo y mirar dentro nuestro, buscar nuestra naturaleza búdica.

Mantra: ¿Es fácil ese trabajo de dar vuelta el espejo y ver esa naturaleza?

E.F.: No es ni fácil ni difícil. El individuo no se acerca al budismo zen por planificación. Simplemente llega o se choca con la puerta o con el maestro en la búsqueda de la resolución del problema vital, que es el hecho de que ha nacido, y se va a morir. Cómo quiere vivir el individuo durante ese espacio, en el cual se enferma y envejece, y no hay absolutamente nada que pueda hacer para evitarlo. Ese es el camino del Buda.

Mantra: ¿Cómo se transita esta vida sin esa fuerza interior? ¿Cómo se enfrentan los problemas que nos traspasan cotidianamente?

E.F.: Lo que digo no significa que la meditación de por sí no sea útil. Muchísima gente entra en este camino para sobreponerse a sus problemas cotidianos, y también sirve para eso. Se llama Bompu Zen. Algunas personas lo hacen simplemente asociado a un camino religioso. Un cristiano que quiere meditar, entrar en contacto con Jesús de una forma mucho más profunda; alguien que tiene problemas de salud, otros porque buscan poderes especiales, alguien que tal vez se siente disminuído y la meditación puede ayudarlo. Otros consiguen poderes, sin proponérselo, sin buscarlo. Siempre sirve.

Mantra: O sea que el camino de la meditación es el que nos lleva a la resolución de nuestra problemática cotidiana. ¿O es que la meditación nos pone en otro estado de conciencia que nos permite ver nuestra vida cotidiana desde una perspectiva diferente?

E.F.: Muchísimas de esas cosas ocurren todas a la vez. Es una variedad de cosas que van pasando con el individuo a medida que se va quedando en silencio, o en un aparente silencio, y va dejando a las cosas sin importancia, desvanecerse. La mente necesita claridad. Y esto es lo que se obtiene mediante una práctica así.

Mantra: ¿Y qué tan fácil es, entonces, llegar a esa instancia?

E.F.: Es un enigma cómo interpretar qué es lo que cada individuo siente. Pero la mayoría de la gente que decide intentar seguir esta senda, se da cuenta, a la hora de hacerlo, que no es el mismo que dijo "yo voy a hacer...", pues ahora está la actividad. El cuerpo responde de acuerdo a la actividad, y la mente cambia de acuerdo a ella. O sea que puede que el individuo se quede, o puede que no.

Mantra: ¿Se pueden tomar las enseñanzas del budismo como un refugio de los que nos pasa?

E.F.: El pánico personal hace que un individuo no pueda ver para adónde va a ir, qué va a hacer con lo que tiene, cómo puede utilizarlo o simplemente cómo desechar lo que tiene porque no le sirve. El pánico personal hace que el individuo entre en esta práctica con mucha más intensidad. Pero tampoco se puede asegurar que a los dos meses a los dos años o cuando se encuentre mucho más aliviado, no lo deje. Pero si hay un fuego interno, esto no se apaga. 

Mantra: ¿Puede pasar que inicie este camino, empiece a encontrar la solución a mis problemas, y entonces lo dejo?

E.F.: Efectivamente. Sí, más que cualquier otra cosa.

Mantra: ¿Por qué pasa esto? Cuando las papas queman, encontramos una puerta que nos puede dar una mano y luego nos olvidamos.

E.F.: Es una característica nuestra. No sabemos lo que es bueno para nosotros. Si requiere esfuerzo, no es bueno. Si se puede hacer con menos esfuerzo, entonces es bueno. Tenemos esas etiquetas muchas veces. Y en zen, los individuos que han practicado durante más de diez o veinte años, se encuentran con un lugar de mucho silencio, donde no hay actividad ninguna. En ese lugar es muy difícil estar.

Muchos estudiantes avanzados llegan a un lugar en que no pueden continuar, necesitan un maestro que los guíe. Hay mucho pánico en el sentido de que hay mucho silencio; no pasa nada. Ese lugar de silencio es muy difícil. Y ese lugar es el que está más cerca de lograr la apertura de la mente. El individuo a medida que va practicando se va yendo, va desapareciendo de sí, no se da cuenta de lo que está pasando. La práctica lo va llevando, pero la mente quiere participar, y entonces se hace aún más difícil.

Mantra: ¿Qué es lo que tiene el silencio que por un lado da muchísimo miedo, pero por otro lado quienes hacen la práctica del silencio, hablan como un espacio de muchísima revelación?

E.F.: Ese es todavía un lugar mental. La mente está activa en esos lugares. Hasta en los lugares más profundos ella está activa. Cuando uno sale de esos lugares, y los puede describir, indica que ahí ha habido un foco de atención sobre lo que estuvo ocurriendo. Indica que la mente del individuo ha estado allí. No está libre aún de la actividad de la mente. 

Mantra: ¿Y el silencio qué es, un estado?

E.F.: Silencio es una palabra. Simplemente. Describe una cosa aparente, pero nosotros no sabemos de qué se trata algo así. La palabra indica carencia de movimiento, o algo similar, pero siempre hay movimiento; esta mente nuestra no deja nunca de moverse, está siempre activa, siempre. Si no estuviera activa estaríamos muertos. 

Mantra: ¿Debemos aspirar a espacios de silencio, entonces?

E.F.: No se puede. Aquello a lo que uno aspira es algo que va en detrimento de la práctica, es algo que se interpone en medio. Aquello que yo deseo por más pequeño que sea, siempre está en medio. Abandonarse es otra cosa. Uno se abandona porque pierde la esperanza de llegar a algún entendimiento de lo que pasa, de qué se trata esta vida. Entonces sí, ese abandono hace que esto resulte un renacimiento, si se quiere. Se llama, en zen, la gran muerte.

Mantra: ¿Y este renacer surge a partir de ese estado de silencio?

E.F.: No es un límite. Y hablar de esas cosas, si bien es un tema muy interesante, no tiene utilidad ninguna. Al individuo que entra ahí, tampoco se le puede dar instrucción. No hay manera decir qué es lo que va a ocurrir en cada instante. Ningún maestro puede hacerlo. Simplemente puede ver, a través de estar en presencia de un individuo.

Mantra: Por lo que entiendo, el budismo zen trabaja a través del silencio, ¿es así?

E.F.: No, no. Eso es todo mental. Se trata de utilizar nuestra mente, sí, pero los pensamientos más inteligentes, para ver cómo se mueve nuestra mente, y dejar ir, ir dejando ir aquello que no tiene utilidad ninguna. Y finalmente, esta mente pura se da cuenta que no hay ninguna cosa que no sirva, y se abandona todo. Se abandonan estos pensamientos y se abandona todo.

Mantra: ¿Y cómo se entiende el abandono?

E.F.: Bueno, es como decirle a Ud. "tírese, el agua está fría". Pero cuando usted se tira en el agua fría, recién en el instante de tocar el agua el cuerpo se contrae en una sensación. Ahí no hay mente ninguna. Segundos después, la mente dice, "¡hay qué fría que está!" ¿Cuál es la diferencia entre las dos cosas? Una es la actividad, y la otra es la actividad de la mente que no tiene nada que ver con lo que acaba de ocurrir. Es simplemente una descripción de lo que acaba de ocurrir. Y de ahí la diferencia. El abandono es un estudio del ser momento a momento a momento, durante años.

Mantra: Cobra más protagonismo la experiencia, entonces, que la mente. ¿De eso se trata?

E.F.: Solamente la experiencia.

Mantra: ¿Podemos decir que se trata de ser nosotros la experiencia?

E.F.: Uno es experiencia.

Mantra: ¿Y la mente dónde queda, dónde la ponemos?

E.F.: No se la pone en ningún lado porque no se puede. El Buda mismo trató de lidiar con ella, de razonar con ella y se dio cuenta de que lo mejor es darle la espalda y poner el foco hacia adentro. Ella va a hacer lo que tiene que hacer. ¿Y qué es lo que se puede hacer desde el punto de vista de la quietud? Observar cómo se mueve la mente, cómo piensa, qué relevancia tiene. Y de a poquito, ir dejando, ir dejando. Pero no se puede tocar la mente. La mente es una función nuestra. El diseño de nuestro cuerpo es con la mente.

Mantra: ¿Y de qué forma podemos saber cómo funciona nuestra mente, entonces?

E.F.: Mediante el estudio del ser. Uno se sienta y respira. Y el único foco que tiene es la respiración, que es constante. Uno sigue la respiración momento tras momento, y ahí puede observar con el foco de la mente. Sin salirse de ahí, puede observar todo el movimiento que está ocurriendo. Como si usted estuviera hablando conmigo y se da cuenta, sin girar los ojos que hay una mosca dando vueltas por ahí. Algo así.

Mantra: ¿Es la expericencia la que nos pone en el presente?

E.F.: La experiencia es el presente. Y eso somos nosotros mismos. No hay separación, desde el Cosmos hasta esto que está respirando, no hay separación ninguna. Es una sola cosa: el Cosmos respirando a través de este vehículo, en este instante.

Mantra: Usted habló del abandono. Estamos hablando del abandono de la mente puntualmente y de entrar en este estado de conciencia que es experiencia pura. Debe ser muy grande la transformación cuando uno hace esta elección. 

E.F.: Es una transformación irreconocible. Es total. Y es una transformación en cada instante. En este instante a mí me ocurre y en este instante yo entro en el olvido prácticamente de la vida que he llevado hasta ese momento. Y no sé adonde voy, me choco con la puerta del templo...

Mantra: ¿Pero no me deja muy sola? ¿No es un camino muy solitario?

E.F.: Absolutamente.

Mantra: No es para todo el mundo, entonces

E.F.: No, no. Por eso yo entrevisto a los estudiantes cuando vienen porque no quiero que pierdan tiempo. ¿Qué es lo que quiere hacer con su vida? ¿Por qué viene? ¿Para qué está aquí? Tomamos té y hablamos, antes de hacer la práctica, donde el individuo va y se sienta. "Me duelen las piernas", dice. Y sí, le duelen, pero si usted tiene eso adentro, no le va a importar que le duelan las piernas, ni le va a importar que no está comiendo, que se va a sentar un día, siete días, enteros, sin moverse, respirando. Simplemente va a estar con ese fuego interno. Eso es usted, no hay separación ninguna. Nosotros lo estamos separando. Ud. lo tiene que separar para preguntarme.

Mantra: ¿Y no es una manera de escaparse de la realidad?

E.F.: Absolutamente no. No hay ningún escape porque no hay quién se escape. Esto simplemente ocurre. Tiempo y  espacio es simplemente una ilusión. Todo está ocurriendo así. ¿Qué es lo que está presente cuando el individuo hace una cosa así? No hay nadie. Simplemente el Cosmos que está expresándose a través de esto, y busca una revelación del misterio de esta propia existencia. "¿Qué pitos hago aquí? Esto no me gusta. Hay que salir de aquí!" No hay tal análisis, simplemente hay un fuego interno que hace que el individuo busque un alivio, y busca y busca hasta que aparece alguien que dice venga. Como ocurrió con mi maestro. "¿Qué quiere aquí?" "No tengo la menor idea." "Bueno, pase entonces." Es así. Si yo tengo algo que hacer ahí adentro, el maestro me echa. Él me hizo venir hasta la puerta del monasterio donde él recibía a la gente. Nos recibía él mismo. "¿Qué quiere aquí?" decía. No decía "¿cómo puedo ayudarlo?" "Bueno, me dijeron que esto o lo otro..." "No. Aquí no hacemos eso." "Pero Ud. no es así y asá?" "No, yo no soy él."

Mantra: Bueno, ¿y hoy por qué se acerca la gente al budismo?

E.F.: Qué sé yo. Cada uno tiene su razón.

Mantra: ¿Y todas son válidas?

E.F.: Todas, todas.




Puedes continuar leyendo...