Cuanto más Silencio, menos Temor

Entrevista al sacerdote budista Eugenio Seizan Feijoo,
realizada por Claudio Veiga, 
y publicada originalmente en Cinturón Negro Argentina.



CINTURON NEGRO Argentina: Maestro ¿Cómo se inicia Ud.en Zen?

Eugenio Feijoo: Empecé en New York en 1968 con Hesiki Sensei. Un año después llegó de Japón Sakiama Osho, un Monje recién salido del Monasterio Engaku Ji, quien permaneció con nosotros en la Escuela Matsubayashi Ryu durante cuatro años, brindándonos instrucción de zazen. Cuando él volvió a Okinawa, donde había nacido, para abrir un pequeño Templo, nosotros continuamos con la práctica hasta 1977, cuando Hesiki Sensei y yo nos fuimos a Hawaii, al templo Chozen Ji. En 1980 regresé a New York y estudié durante algunos años con otro maestro, pero de la secta Soto Zen. También viajé durante once años a Rusia, para enseñar. En 1998 pedí permiso para hacerme sacerdote de la secta de Rinzai. Fui aceptado y ordenado Monje. Mi maestro actual, es Hotokawa Roshi,
quien está en el templo Chozen Ji de Hawaii. La conexión entre karate y zen fue muy natural para mí, ya que cada día hacíamos ambos. En cambio la decisión de hacerme monje, fue más personal que influenciada por el ambiente.

C.N.A.: ¿Por qué decide ordenarse en la Secta Rinzai, y no en Soto?

E.F.: Rinzai o Soto, nunca tuvieron que ver con mi decisión. La doctrina de Buda en ambas sectas es exactamente la misma. Las prácticas son un poco diferentes, tal como se las ha internalizado en los monasterios, las rutinas que se practican, las ceremonias. Si se quiere, Soto es una Secta un poco más ceremonial y de muchísima más profundidad en el estudio, en tanto la Secta Rinzai es más afín a un ambiente militar. Pero la práctica es muy dura en ambas, y hacen de zazen el centro. La práctica que se realiza en el interior de un monasterio varía con cada maestro. Pero siempre el centro de la práctica es el almohadón, la posición, la intención, la respiración y la concentración. Lo demás, es secundario. La posición es fundamental. No hacerla porque nos lo indican, porque la hacen los demás. Si uno se sienta con una actitud que es, podemos decir, antigua, esa actitud favorece la misma posición, el respirar y el estar ahí, presente. ¿Por qué?. Porque Zen es el estudio de la vida y la muerte. No nos sentamos sólo para estar. Hay preguntas importantes que resolver, como la del misterio de la vida ¿por qué el individuo sufre?. Piensa que está todo bien pero no encuentra la felicidad en las cosas que hace. Algunos deciden seguir la vida diaria así y otros, que ya no hay donde ir. Entonces uno entra o no en el camino espiritual. Si quiere resolver la cuestión de la vida y la muerte, uno debe entrar, no hay alternativa. Siendo monje tenemos la gracia, el privilegio de ayudar a otros. Desde el momento en que Buda se iluminó, el estudio del Budismo fue eso, descubrir el misterio y mostrar a otros el camino. No se puede hacer más que mostrar, es imposible enseñar. Por eso uno se hace monje, para ayudar a otros. Primero descubrimos que uno debe ayudarse a sí mismo y luego, naturalmente, ayudar a los demás.

C.N.A.: ¿Y por qué Zen, para aquel que no pretende ser monje?

E.F.: Las respuestas a estas cuestiones son siempre misteriosas, y cada individuo tiene la suya, propia. Cada persona a la que le pregunte, le dará una respuesta diferente. Es simplemente un agujero que se produce en la atmósfera personal, por el que uno se mete. ¿Por qué?, porque es el momento. La misma pregunta me la hizo mi maestro: "¿Por qué quiere Ud. ser monje?" "¿Y por que no? —respondí. Este es el momento de mi vida en que yo puedo ayudar a otra gente". Si no fuera monje, no podría ayudar, porque no me lo permiten. La gente necesita certificados, o verme pelado, o lleno de atavíos, ceremonioso. En el mundo actual estas cosas son necesarias. Además, al hacerme monje, soy parte y heredero de la enseñanza de Buda, de una historia que tiene 2500 años. Mi responsabilidad es pasar fielmente estas enseñanzas a los demás, aunque mi responsabilidad primera es vivir claro y simple. Si uno está oscuro y complicado, no puede guiar a otro.

C.N.A.: Usted después de muchos años de práctica de karate y zen, se decidió por esto último. ¿Por qué?

E.F.: Uno vive con mucho temor de lo que puede ser, porque estamos siempre proyectados al futuro. Crea situaciones, ilusiones y no se da cuenta que es sólo el momento. Uno puede vivir así muchos años, incluso vivir toda su vida con miedo. Algunos despiertan de ese miedo y lo pierden, y otros no. Yo perdí ese temor y decidí que este era mi camino. Es esencial, para poder practicar, abandonar todas estas cosas, ese peso que uno carga, que es todo miedo; miedo a la vida en sí, a las carencias, al fracaso de los proyectos, a la enfermedad, miedo al no poder. A medida que uno practica, la mente se va acallando, la vida se hace mucho más simple. Al no proyectar, no existe temor al fracaso y ese temor se va, se desvanece. Cuanto más silencio, menos temor. El camino se va haciendo solo, con naturalidad. Claro que se necesita practicar continuamente.

C.N.A.: Con la guía de un maestro...

E.F.: Si uno tiene ese privilegio... Y si no, hacer lo que se pueda (risas).

C.N.A.:
Si bien Ud. es argentino ¿cómo fue su decisión de volver, después de cuarenta y un años en el exterior?

E.F.: En el momento que me ordené estaba yendo a Rusia tres veces por año. Tenía un grupo grande de estudiantes allí. Cuando me ordené —coincidiendo con el hecho que me jubilaba de mi profesión particular, pensaba "¿dónde
iré ahora?" Y decidí no decidir. "El Cosmos decidirá por todo", me dije. Me senté tranquilamente y en un par de años todo se aclaró. Cuando viajé a Buenos Aires por temas personales, vine a verlo a Sensei Akamine. Le ofrecí mi ayuda, si él podía tenerme aquí como instructor de Zazen. El aceptó y así se concretó la vuelta a mi país.

C.N.A.: Entiendo que Ud. no habla del futuro pero ¿cómo imagina el verano, quiere empezar a instruir aquí
en Zazen....?

E.F.: No tengo la menor idea (risas). Ahora estoy aquí con Ud. No es mejor ni peor, pero le aseguro que estar aquí en este momento es muy cómodo. La vida real, es no estar en el futuro. No es mejor ni peor, es diferente. De momento vengo al Dojo de Akamine Sensei los días que hay que practicar, y así lo hacemos, un día a la vez. Planes, no tengo. De vez en cuando se escapa alguna visión. Siempre me gustó estar en grupos, y si esto se realizó en Rusia, es muy probable que se realice aquí también, que haya gente a la cual yo pueda servir. Esto si se quiere, más que una visión, es una esperanza.

C.N.A.: ¿Qué desea agregar, a modo de cierre?

E.F.: Absolutamente nada... la energía tiene una forma curiosa de presentarse y formar cosas. Un individuo es un grupo armonizado de energías que se mueven de uno a otro lugar, y allí donde se encuentra, donde va, atrae cosas favorables a la interacción. Yo, estando aquí, traigo conmigo una energía que es especial, la luz que soy. Es especial, porque no hay dos. Cada individuo es totalmente diferente de otro, aunque seamos uno solo en esencia. También su energía es especial, la de mi maestro, la de todos. Donde vamos favorecemos la interacción de gente que puede utilizar nuestra energía. De alguna forma misteriosa gravitamos hacia el otro y nos favorecemos mutuamente. En el momento en que estamos juntos dejamos de ser uno y otro y nos unimos. Esa unidad es como si fuera el principio de la vida. Porque aquí en realidad estamos durmiendo, estamos en un sueño. Al unirnos, de alguna forma nos despertamos, formamos parte de algo inicial. Es un regalo. Nos acercamos a un individuo sin tener la menor idea de lo que sucederá, pero a medida que hay interacción, pasan cosas. Es el misterio de la unión. La práctica es búsqueda. ¿Qué sabemos?, nada, absolutamente nada. El estudio es el silencio. Como decía mi maestro “Ud. sabe, todo, pero mientras esté ocupado pensando, no sabe nada. Siéntese ahí, calle y recuerde quién es. Realice la práctica de recordar”. Con la ayuda del Cosmos, es que yo podré ser útil a mis hermanos y hermanas de Buenos Aires. Esperemos que así sea.




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