KARATE Y ZEN


realizada por Claudio Veiga, y publicada en la revista 
Cinturón Negro Argentina – Año 3 Nº19 (Setiembre 2002)



Cinturon Negro Argentina: Maestro, ¿cuál es el motivo de su visita?

Sensei Zenko Heshiki: Akamine Sensei y los estudiantes me invitaron, entonces organizamos Zazen Kai. Lo primordial de esta visita es la práctica de Zazen. Si hay tiempo, quizá mañana hagamos un poquito de Karate.

C.N.A.: ¿Y cuál es la impresión que le queda a Ud. respecto de esta visita que ya llega a término?

S.Z.H.: Vine con dos alumnos de Hawai. Ellos ya se fueron, pero todos quedamos bien impresionados al apreciar la cantidad de estudiantes que han llegado a un entendimiento más allá de lo que la gente cree que es el Karate.

C.N.A.: En una entrevista que le realizó el Maestro Charles Goodin y reprodujo el boletín de la Asociación Matsubayashi de Argentina, Ud. rescata el término “Kufu”. ¿Puede explicar qué es “Kufu” para los practicante de Argentina?

S.Z.H.: Muchas veces, en un momento de su evolución en la práctica de karate, el estudiante comprueba que por más esfuerzo que ponga para efectuar los movimientos y que estos fluyan naturalmente, en realidad empeoran; entonces el estudiante se siente frustrado. Pierde la confianza en las técnicas aprendidas que lo alzaban como un ser digno en el arte. Los días pasan y la lucha se acrecienta. De noche los ojos no se cierran; quedan fijos en el cielorraso, testigo impotente de la multitud de pensamientos vanos que cruzan la mente. Toda manipulación intelectual y la destreza adquirida son inútiles. Es a este estado mental que llamamos Kufu – puede traducirse como “sobrepasar un dilema” o “luchar para atravesar un laberinto”. 
Y es la barrera mas importante que hay que superar. Kufu es la agonía del parto. Todo el ser está involucrado. Kufu nos hace finalmente despertar a nuestra espiritualidad y trascencer el mero mundo físico.

En mi caso, hacia los 29 o 30 años de edad, la parte física del karate ya no me decía mucho de lo que verdaderamente es Karate. Para una autorrealización, debía ir más allá de lo físico entrando en ese estado mental llamado Kufu. Romper una barrera y acceder a otro nivel. Ese otro nivel es Shugyo, la integración: todo lo físico se vuelve psicofísico, con un fuerte componente mental. Una etapa posterior a Kufu.

C.N.A.: ¿Se puede decir que todo practicante alcanza en algun momento de su trayectoria ese estado mental que se denomina Kufu?

S.Z.H.: Muchos no llegan a eso. Entonces su Karate muere en ki físico. Los orientales, por historia y por tradición, tenemos Kufu para entrar al mundo de Shugyo. Sin embargo, muchos no lo descubren. Y se pierden unir el arte de Karate con la realización del Zen, que a nuestro Maestro Nagamine le llegó a los sesenta años de edad. Entonces entró con todo en el mundo del Zen. Él cuenta que sus Sempai y Maestros insistían en destacar la relación cuerpo y mente. Pero, ¿dónde está el componente mental?, se preguntaba Nagamine Sensei. Nadie enseñaba sistemáticamente, en la práctica, cómo llegar a la realización mental. Entonces el llego a Kufu. Ya a los sesenta años – la edad no interesa – el maestro estaba listo para Shugyo. Muchos mueren antes de realizar eso y se quedan sólo en maestros de lo físico, de la parte técnica de Karate.

C.N.A.: ¿Ud. provoca que sus alumnos lleguen a Kufu. ¿O prefiere que se dé o no, con naturalidad?

S.Z.H.: No. No trate a Kufu como un tema. Es un estado mental. Uno empuja hasta cierto punto. Pero el despertar espiritual es absolutamente individual.

C.N.A.: Maestro, en la misma entrevista que ya mencioné, Ud. dice que no debemos traducir Karate como "mano vacía". Que no es esa la traducción correcta. ¿Podría explicarme?

S.Z.H.: Antiguamente se pronunciaba igual qeu ahora, Karate, pero se esribía como “Mano que viene de China”. Luego se cambio ese caracter. Se abrevió la palabra a Kara, que puede ser también leída como Ku y se origina en el Sunya, el pequeño circulo llamado cero en la matematica moderna, que indica lo vacuo de la enseñanza budista. Sunya o Sunyata, es el término sánscrito de vacío, vacuidad o ausencia de dualidad y conceptualización. Nada existe en el Ku pero todas las cosas fluyen de ella. Es como si fuera un espejo. Aunque nada existe en el espejo, es sin embargo posible reflejar todo en él. Así considerada, no deberíamos traducir karate como “mano vacía”, sino como “la mano que emana del vacío”. En la historia de karate, muchas cosas no han sido explícitas. Es la práctica de tantos años la que permite a uno captar el estado mental de los maestros de cada epoca, ¿por qué querían cambiar?. Mi experiencia – es decir que no invoco a nadie para hacer esta interpretación -, me indica que en la enseñanza de cualquier disciplina mental y física, hay un componente subliminal y otro ipsofactico. El componente ipso facto esta ahí. Pero hay otra enseñanza que es subliminal. Cuando un estudiante llega a un determinado nivel, descubre detrás de todo, por qué se hacen las cosas.

C.N.A.: ¿En qué momento karate evoluciona de un arte casi exclusivamente físico y netamente orientado hacia el combate, a un arte que incluye Zen? ¿Cuándo se empieza a dar entre los maestros de Okinawa ese cambio?

S.Z.H.: Yo creo que estuvo siempre latente; sucede que en el año 1609 Okinawa fue tomada por Japón y entonces la enseñanza espiritual de los monjes fue interrumpida. Porque si un pueblo se vuelve inteligente no es fácil de gobernar ¿no es cierto? Actualmente muchos quieren interpretar que Karate es un producto de los campesinos para defenderse de los japoneses. Están totalmente equivocados. Karate fue la práctica de los samurai, de los nobles de Okinawa. No hay ninguna duda de eso.

C.N.A.: ¿Y el componente Zen ya existía desde entonces?

S.Z.H.: Sí, claro. Por eso los nombres de los kata. Piense en Suparimpei de Goju Ryu , que quiere decir “108″, y alude a “hyaku Hachi no Bonno”, el concepto de los 108 oprobios del Budismo. Hay un significado detras del simbolismo. Gojushijo, es la pronunciación japonesa del numero 54. Otro kata de Goju Ryu, Sanseru, significa 36. Y Seipai, 18. Son múltiplos del número 108. La coincidencia de los números es verdaderamente llamativa y seguramente debe ir más allá de su significado. El Kata – la verdadera esencia del karate -, representa los pasos para eliminar los 108 oprobios y llevarnos al estado de “iluminación”. Debemos ser capaces de descifrar las señales que están expuestas, para que todos las puedan ver.

C.N.A.: ¿Cómo descubre Ud. Zen, Maestro?

S.Z.H.: Cuando uno hace Karate en serio, ese momento llega. No tengo dudas. Llegado a un cierto punto, lo físico se volvió muy aburrido para mí. Entonces comencé a leer y encontré la experiencia de los maestros Zen con el arte. Así empecé a relacionar y – vea qué interesante – , cuando yo ya tenía esa inquitud dentro, el Maestro – Shoshin Nagamine (N.E.) – empezaba a hacer con regularidad su práctica con maestros de Zen. Así nos encontramos. Para mí el encuentro con el Maestro fue especial. La relación de otros estudiantes con él, fue muy diferente de la mía. Yo no me acuerdo que él me haya enseñado nada físico: “hacé Kata así y así” o cualquier enseñanza técnica. No recuerdo eso. Recuerdo su enseñanza espiritual en conexión con zen y karate.

C.N.A.: ¿qué edad tenía usted por entonces?

S.Z.H.: Veintinueve. A los veintinueve estaba listo para abandonar la parte física; no me importaba mucho. Porque siempre fui atleta…, y aprendí los cinco Kata Pinan en una noche, puede hacerse.

C.N.A.: ¿Sigue teniendo actualmente esa visión de los físico, como meramente complementario?

S.Z.H.: Todo lo físico que había hecho, abrió la puerta del zen. Entonces lo físico cobro sentido. Buscamos el refinamiento – pulido – de los movimientos. No se trata de abandonar lo físico. Es completarlo con la fisiología. Que el balance de los movimientos sea el apropiado.

C.N.A.: ¿Y viene desde lo espiritual?¿Desde el Zen?

S.Z.H.: Yo creo que eso es espiritual. Se concibe lo espiritual en el mundo judeocristiano como alguien tocado por Dios y esas cosas. Pero no es así. Lo espiritual para nosotros es espacio-tiempo con toda la energía en un punto en cualquier momento. Eso es espiritual. La realización de la mente y el cuerpo en un punto total.

C.N.A.: Sensei, Ud. afirma en uno de sus trabajos que la diferencia fundamental entre el Te de Okinawa y las artes de China, radica en el énfasis puesto en la práctica del Makiwara, ¿podría ampliar esta idea?

S.Z.H.: El makiwara, efectivamente, es muy particular de Okinawa. Otros estilos chinos y coreanos no lo utilizan. Y si lo hacen, no ponen énfasis en eso. Yo he practicado makiwara profundamente. Muchos entienden que es apra desarrolar callosidad en el puño. Es una equivocación. Eso no vale nada, es inútil como el callo en el culo de los monjes. No se trata de eso. Es producir el máximo momento del cuerpo. Entender el golpe en el tiempo justo. Nosotros lo llamamos Hatifaz. Es como dar total balance, velocidad y fuerza al golpe, focalizándolo en un punto. Que el cuerpo y el alma se realicen.

C.N.A.: Esta idea, ¿tiene que ver con lo que Ud. dice respecto que la técnica debe nacer del Hara?

S.Z.H.: Sí, claro que sí.

C.N.A.: ¿A qué se refiere cuando dice: “cuando comés es karate, cuando caminás es karate, cuando trabajás es karate. Todo en tu vida es karate. Y todo en karte debe provenir del Hara”?.

S.Z.H.: Hay que lograr la unidad del zen y el karate. El Maestro Nagamine y yo nunca pudimos separar qué es Karate y qué es Zen. De aquí hasta acá karate, desde aquí hasta acá es Zen. No tiene que haber esa distinción. Es como tomar agua. Está compuesta de dos partes de hidrógeno y una de oxígeno. Pero cuando uno la bebe es agua; no tiene que ver con sus componentes. ¿Tu dices “me voy a servir un poco más de hidrógeno con oxígeno”? Seguramente no. Cuando el maestro camina, cuando enseña, cuando habla es Ken Zen Ichi Nyo. No solo porque se sienta en zazen es zen. No solo porque hace técnica es Karate. Todo es unidad. Y se refleja en lo que el maestro hace y piensa. Aquellos alumnos que estén conmigo muchos años van a tener que hacer karatezen. Entenderlo así y llevarlo en sus cuerpos y mentes.

C.N.A.: ¿Que quisiera agregar?

S.Z.H.: Que vuelvo a Hawaii contento porque los estudiantes de “Akamine Dojo” entienden el mensaje que difundo desde hace ya treinta años. Entienden karatezen como unidad y ojalá puedan divulgarlo para que sirva a la gente en la vida cotidiana. Que sean capaces de abrir la puerta a mucha otras personas a Ken Zen Ichi Nyo.

C.N.A.: ¿Va a repetir la experiencia el año próximo?

S.Z.H.: No sé. Me van a matar (risas). Desde Noviembre estará permanentemente en Buenos Aires Eugenio Feijoo, un argentino que vuelve para radicarse aquí. El continuará Zazen Kai.



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