Karate en el Río de la Plata

Entrevista al monje zen y maestro de karate Zenko Heshiki, realizada por José Aldorisio y
 publicada originalmente en la revista Judo Karate,  edición de mayo de 1976,
 bajo el título "La Hora de los dojos en serio".

 En ella, Heshiki plantea su visión, de ese entonces, acerca temas como
 la verdadera esencia del karate, los torneos y la adopción del arte en occidente y
en el Río de la Plata en particular.
 

 
Heshiki durante la entrevista (1976)
Proveniente de Nueva York, estuvo en Buenos Aires el quinto dan, Zenko Heshiki, y habla acerca de la importancia que tiene la superación de un cinturón negro; de la automarginación de Okinawa de las competencias, y de la rápida y correcta aproximación de los argentinos al verdadero sentido del karate.

Llegó a Buenos Aires envuelto en el mismo silencio con que partió en 1962. "Vine para visitar a mi familia, a mi condiscípulo Shigehide Akamine y a la escuela que posee el maestro Jintatsu Higa", comenta Zenko Heshiki. Representante del estilo Shorinryu Matsubayashi en la costa este de Estados Unidos, este diminuto okinawense de 36 años y andar sereno, estalla en una amable locuacidad cuando se
le pregunta por una de sus principales pasiones: el karate. Desde que obtuviera el cinturón negro de manos de su maestro Shoshin Nagamine, máximo jerarca del estilo, visita anualmente a la isla japonesa de Okinawa en busca de la técnica y los fundamentos que le valieron en 1974 el quinto dan.

Este permanente ir y venir a la cuna del karate y su larga trayectoria como profesor, lo convierten en un valioso observador de la evolución de este arte marcial tanto en occidente como en oriente.

NACER O HACERSE

Según Heshiki, la diferencia substancial que existe entre los practicantes occidentales y los asiáticos, reside en que debido a su tradición cultural, los últimos se aproximan física y sicológicamente mucho más rápido, mientras que los americanos y europeos contraponen a esa carencia casi telúrica una candidez importante, ya que arriban a los dojos sin preconceptos ni deformaciones.

"Si bien los muchachos norteamericanos -ejemplifica Heshiki- por lo general tienen una aproximación al karate muy superficial, porque sólo les interesa como método de defensa personal; la ingenuidad de la que hablamos antes los convierte en un discípulo fácil de conducir hacia el sentido profundo y filosófico de las artes marciales. Pasado el primer tramo, los que sigue, penetran sin reparos en la verdadera senda".

Maestro Shoshin Nagamine corrigiendo la técnica a Heshiki, en Okinawa.

Y es precisamente esta amplia recepción que brindó occidente a las disciplinas marciales, la que obligó a los mismos profesores orientales a una revisión y profundización del arte de su país. El alumno busca y exige, y su maestro debe estar en condiciones de ofrecer lo que se le pide. Para eso está al frente de un dojo. "En mi caso particular tengo estudiantes porque quiero seguir aprendiendo".


LAS VERTIENTES DEL ZEN

El karate tiene una gran influencia de la doctrina Zen, y es precisamante esa confluencia la que abre el camino hacia el perfeccionamiento humano y en última instancia, hacia un mundo mejor. 
Sin embargo, para Heshiki existen varios conceptos esenciales, en el aprendizaje de este arte marcial que han llegado totalmente deformados. Uno de ellos y quiza el más común, es la idea del karate como mano vacía, es decir, sin armas. Esta es una interpretación pragmática de algo que en realidad simboliza a "la mano que emana del vaquo", un 

Heshiki haciendo zazen
concepto netamente Zen. Palabras, que definen un estado de elevación mental que permite un desprendimiento absoluto. Concepto que lo enfrenta a uno consigo mismo. "Muchos piensan también que el kata es algo así como una danza de la muerte. Obviamente siguen las malas interpretaciones, ya que ésta es la senda para que el practicante vaya progresivamente penetrando dentro de sí y logre alcanzar un estado de elevación espiritual. El concepto de mano vacia fue difundido por falsos o incompetentes profesores orientales, que por ignorancia, crearon máquinas de competir".

DOLARES Y TORNEOS

Planteada la conversación en estos términos, la pregunta acerca de los torneos y en particular de los profesionales que se disputan en varios países, se hace inevitable. Opositor decidido a todo tipo de competencias, Heshiki, cuenta que el karate estadounidense está atravesando una segunda etapa. En un principio el aspirante fue en busca de fortalecerse en la pelea, pero con el tiempo se dio cuenta que más allá de los tsukis había algo más importante que no esperaba hallar.

Muchos cinturones negros ya han comprendido que el competidor tiene un límite temporal y que cuando abandonan los estadios no encuentran fundamentos reales, para lo que están haciendo. El torneo, en última instancia “es una forma de justificar su trabajo"; pero íntimamente saben que es una raíz anémica la que poseen. De ahí que el karate profesional, que tuvo su momento de esplendor, “se esté derrumbando. Ya llegó la hora de los dojos en serio". Argentina, a criterio de Heshiki, está en una etapa previa y debe pasar por los torneos para llegar al estado de depuración.


Heshiki durante una exhibición abierta en Brooklyn, 1970
—Usted viaja periódicamente a Okinawa. ¿Qué es lo que ocurre allí en materia de torneos?

—Las principales organizaciones que rigen el karate de la isla no intervienen en pruebas de ese tipo.

—¿A qué organizaciones se refiere?

—A la Federación de Okinawa que preside Kwanei Uechi y que nuclea a la Matsubayashi, la Uechi, la Goju y a una rama de la Kobayashi que preside Yuchoku Higa. También a la Asociación
Karate Do Kyo Kay que dirige Mayahira y que 
antes presidía el maestro Chibana. Existen además, algunos estilos que se manejan en forma independiente como el Okinawa Kempo, Ishin Ryu y Mobotu Ryu, pero también ellos están ajenos a estas preocupaciones.

—Sin embargo, a fines de 1974, en un importante torneo internacional en Filipinas, participó un equipo okinawense?

—Lo ignoro.

—Según lo visto en Buenos Aires. ¿qué impresión se lleva del karate que se practica?

—Hace algo más de diez años, cuando partí hacia Estados Unidos, pensaba que el argentino iba a tener serias dificultades en el aprendizaje de este arte, especialmente por su multifacética tradición cultural y su tendencia a lo emocional. Pero ahora veo que superó muy bien los escollos y se aproxima correcta y rápidamente al verdadero sentido del karate.

—¿Piensa volver a nuestro país?

—Pienso viajar periódicamente para ver a mi familia y trabajar junto a mi amigo Akamine, homogeneizando técnicas e intercambiando ideas.