LA ESENCIA DE KARATE-DO

Por el Gran Maestro Shoshin Nagamine


La esencia del Karate radica en el proceso por el cual los individuos ponen en juego el máximo esfuerzo, con la finalidad de crear un poder poder sin limites utilizando su verdadera sabiduría. El origen de las artes marciales se encuentra en el instinto de autopreservación, teniendo como finalidad última el desarrollo, mediante la práctica continua, de una persona bien equilibrada, de cuerpo y mente sanos. Es aquí dónde se encuentra el espíritu del Karate-do.


Karate ni sente nashi” (en el karate no hay primer ataque). Esta frase, inscripta en un monumento de Gichin Funakoshi (maestro okinawense de Karate, fundador del estilo Shotokan) en el monasterio Zen – Enkakuji – en la ciudad de Kamakura, expresa la esencia del Karate okinawense. Es un arte marcial, que fue desarrollado por los okinawenses como un método de autodefensa sin armas. La peculiar cultura de los okinawenses (gente amante de la paz y deseosa de vivir sin armas) logró que se desarrollara y cultivara el instinto de la auto preservación hasta su más alta forma: el arte del Karate.


Los hombres deben eliminar la intolerancia que da pie para que estén siempre en pugna, y en cambio, adquirir amplitud de criterio. Esto es posible a través de la práctica del Karate. El Karate, tal como debe ser practicado, no es un deporte de competencia o de violencia en que los hombres se ven incitados a pelear entre sí. Tampoco es un entrenamiento físico donde la meta sea únicamente destrozar tablas o ladrillos. La práctica del Karate es el perfeccionamient del cuerpo y la mente y eso nos lleva a un mejor entendimiento de sí mismo (yo, ego) y del mundo.


Karate es el autoperfeccionamiento; un medio por el cual el hombre puede obtener un grado de sabiduría en el que no existie diferencia alguna entre él mismo y su hazaña.

Es la búsqueda de la eficacia y la confianza en sí mismo. Esta práctica produce frutos que se encuentran aquí y ahora, ya que permite a una persona enfrentar en todo momento, cualquier situación, aplicando el esfuerzo justo, ni en exceso, ni en defecto. Además, le brinda el control sobre su mente de una manera distinta, en donde ni el peligro físico, ni la pasión desbordada pueden interferir.

La historia de mi vida con el Karate debe incluir el rol de mis maestros: Ankichi Arakaki, Chotoku Kyan y Choki Motobu. El sensei Kyan había sido estudiante de sensei Sokon Matsumura de Shuri y el sensei Motobu había estudiado con sensei Kosaku Matsumora de Tomari. Por lo tanto soy el tercer instructor siguiendo a estos dos maestros. Como mis enseñanzas estaban basadas en ellos en 1947 decidí adoptar el nombre Matsubayashi-Ryu en honor a ambos sensei. De esta forma los nombres de estos dos karatecas permanecerán presentes en nuestras memorias.

El Karate-do se ha convertido en un ámbito internacional. Desde la pequeña isla de Okinawa, éste se ha dispersado por todos los rincones del mundo. De esta forma puede ser seguido por cualquier hombre, mujer o niño y a través del entrenamiento del mismo se pueden conseguir los más altos ideales de belleza y fuerza, las mismas son tanto externas como internas, en lo mental como físico.

En medio de los ruidos y los cambios rápidos de la sociedad moderna, uno puede encontrar en el Karate-do una paz mental que nunca será interrumpida.

A través del entrenamiento del Karate se adquiere estoicismo y autocontrol, el preparará totalmente al individuo para enfrentarse a las responsabilidades de la vida. El estudio del Karate conduce a los alumnos a través del camino del autodesarrollo. Todo movimiento, todo paso en la práctica del Karate requiere el compromiso de uno mismo.

Un completo e inquebrantable foco y poder en la práctica del Karate nos ayuda a entendernos a nosotros mismos, porque necesitamos desarrollar nuestro propio ser a través de los movimientos físicos. El yo (ego) debe ser totalmente desterrado en el enfrenamiento del Karate. La habilidad para comprometerse con el yo, también es llevada a través de todos los aspectos de la vida. El entrenamiento del Karate nos ayuda a terminar la dualidad de la vida, en el cual una persona es separada por la falta de compromiso del mundo que la rodea. De aquí proviene la paz de la mente.




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